Anika Vavic
Honestidad y talento 29/8/2005
9/9/2005
Gilberto Ponce
Gilberto Ponce
En el cada vez más saturado mundo de los pianistas, encontramos a aquellos que se apegan al máximo a lo sugerido por los compositores, otros que sólo buscan lucir su técnica (lo que no siempre es sinónimo de musicalidad), a los que buscan interpretaciones a veces demasiado personales y que terminan desdibujando las obras, etc.
En el caso de Anika Vavic, la hermosa pianista serbia que actuó en el ciclo "Grandes Pianistas" del Teatro Municipal, nos encontramos con alguien que busca acercarse lo más posible al estilo de los autores que interpreta, eliminando toda ampulosidad más efectista que musical.
Su aproximación es mesurada, cuidadosa de los lenguajes y el espíritu de las obras que enfrenta, poniendo toda la técnica al servicio de las mismas.
El programa lo inició con la trascripción de Franz Liszt para "El llanto de la doncella" de Franz Schubert, donde la obra sufre una transfiguración que la convierte en una obra nueva, de gran exigencia técnica que fue salvada en gran forma por la visitante.
Un mundo diferente es el que plantean las breves Danzas Alemanas, Campesinas y Escocesas, y los Valses Nobles y Sentimentales, que reúnen el espíritu popular que animó a su autor en muchos de sus trabajos, que estaban destinados muchas veces a celebraciones junto a sus amigos. Si consideramos el año en que fueron compuestas, en torno a 1823, nos permite concluir que a su autor le preocupaba en ese entonces, tanto lo serio, como lo popular.
La interpretación de Anika Vavic destacó tanto el carácter lúdico, como popular e íntimo de las breves obras, marcando con sutileza las diferencias entre cada una de ellas.
Pocas veces se escucha en Chile la versión para piano de los "Valses Nobles y Sentimentales" de Maurice Ravel, pues se ha impuesto en el público la versión orquestal de la obra.
En este caso, la solista se acercó al impresionismo más concreto de
Ravel, insistiendo en un tono más melancólico y sobria alegría presente en alguno de ellos, marcando la diferencia de enfoque en el lenguaje con las obras anteriores, sin tratar de convertir en sinfónico el lenguaje pianístico de la obra, lo que sin duda fue un logro musical.
Hacia fines de su corta vida, bastante enfermo y con problemas económicos, Franz Schubert, compone su monumental sonata en Si bemol mayor, catálogo D. 960. En esta composición sólo en el segundo movimiento es posible acceder a los pesimistas pensamientos presentes en ese momento en la vida del compositor, pues engañosamente a lo largo de ella pareciera existir un gran optimismo.
Lo interesante de la versión de Anika Vavic fue el haber marcado los sentimientos melancólicos por sobre los luminosos, sin llegar a oscurecer la sonata, llegando al justo medio. El canto de las voces principales y secundarias, las supuestas preguntas fueron entregadas con todo el potencial técnico de la solista.
En resumen, una pianista de una gran honestidad musical, alejada de falsa espectacularidad, que busca encontrar el espíritu de los compositores que interpreta.